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La licuefacción de la sangre de San Pantaleón

licuaRecientemente emitió el canal italiano Rai Uno las imágenes de un numeroso grupo de fieles contemplando en la Capilla del Tesoro de la Catedral de Nápoles como la sangre de San Genaro pasaba del estado sólido al líquido, fenómeno que se conoce como licuefacción. Tamaño acontecimiento sucede puntualmente tres veces todos los años, y se viene repitiendo una y otra vez a lo largo de los siglos según atestiguan los historiadores: El primer sábado de mayo, el 19 de septiembre festividad del santo y el 16 de diciembre. Siempre en presencia de quienes acuden al templo atraídos por el misterioso suceso, despertando la admiración de unos y la incredulidad de otros.

Un evento semejante al descrito, pero no tan divulgado, se produce en Madrid concretamente en el Real Monasterio de la Encarnación, convento de monjas agustinas recoletas fundado en 1616 y que forma parte del Patrimonio Nacional. En ese tranquilo lugar cuando llega el día 27 de julio, fecha que la liturgia del ciclo santoral dedica a la conmemoración de San Pantaleón, un nutrido grupo de fieles, curiosos y turistas acude a observar como la sangre del santo se torna fluida y movediza en el relicario que la contiene.


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Monasterio de la Encarnación

Sobre la vida del santo se sabe que nació en Nicomedia -antigua ciudad perteneciente a la actual Turquía- a finales del siglo III. Estudió medicina, y llegó a ser doctor de la corte del emperador Galerio Maximiano. Tras su conversión al cristianismo y la muerte de su padre, Pantaleón comenzó a ejercer gratuitamente su profesión, curando a pobres y mendigos, lo que suscitó la envidia de otros médicos, quienes le denunciaron por ser cristiano y hacer magia ante el emperador. Pese a la orden de Maximiano, Pantaleón no quiso renegar de su fe y fue torturado. En las actas de su martirio se escribe que trataron de darle muerte de seis formas diferentes: Primero con fuego, después con plomo fundido, ahogándole, arrojándole a las fieras, torturándole en la rueda y atravesándole con una espada. Pantaleón salió ileso de todos esos castigos, por lo que en vista de los fracasos obtenidos en las tentativas de su ejecución, fue finalmente decapitado el 27 de julio de 305. Cuenta la tradición que sus discípulos recogieron la sangre tras la decapitación y la distribuyeron en relicarios.

Representación de San Pantaleón

Hay varias teorías sobre como llegó la sangre del santo a Madrid, la más extendida y aceptada es la de que parte de sus reliquias, conservadas en la catedral italiana de Ravello, fueron donadas en el siglo XVII por el virrey de Nápoles y conde de Miranda a la ciudad de Madrid, yendo a parar al monasterio de la Encarnación cuando su hija sor Aldonza del Santísimo Sacramento  ingresó en el convento como novicia.

Una de las primeras referencias históricas del prodigio la tenemos en la oración panegírica que pronunció el obispo auxiliar de Toledo D. Manuel Quintano Bonifaz en solemnes cultos que en el “religiosísimo y Real Monasterio de la Encarnación de Agustinas Recoletas de esta Imperial villa y corte de Madrid” se celebraron el 27 de julio de 1733, reinando el “muy católico Rey y Señor” Felipe V. D. Quintano asegura que todos los años el 26 y 27 de julio, aniversario de la decapitación del santo, la sangre “se vuelve fluida, perdiendo su natural condensación”. Continúa además diciendo Quintano Bonifaz que “También se produce la licuefacción en los sucesos prósperos o infaustos, como ha acreditado diversas veces la experiencia, con la diferencia portentosa de que cuando es feliz el color es alegre y rubicundo, y cuando infausto, triste y macilento”(1).

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Así mismo, el hagiógrafo Luís Muñoz, en su obra “Vida de la venerable madre Mariana de San José” publicada en 1646 describe este prodigio de la siguiente manera: “Es una pirámide de cristal con una pequeña redoma en su interior y en ella una cantidad de sangre del mártir, que todo el año está coagulada, y en las primeras vísperas de su festividad, que es el día 26 de julio, se ve desleírse poco a poco, y al día siguiente, que se celebra el Santo, ya se nota fluida y moverse, y en las segundas vísperas, vuelve a coagulase, quedando como una bolita de cera” (2).

Otro panegirista de San Pantaleón, don Francisco Calvo Garrido, resume así el suceso: “Su sangre, como la de San Genaro, se licúa maravillosamente desde el 26 de julio, víspera de su fiesta, hasta el anochecer del 27. Todo el año está seca, como helada, y en su día corre de un lado a otro si se mueve la ampolla en que se guarda y empaña las paredes del vaso que la encierra” (3).

Los milagros atribuidos y relacionados con la sangre de San Pantaleón y sus cambios de estado de sólido a líquido llevaron a la iglesia a intervenir para saber cuál era el origen de esos fenómenos. El 28 de enero de 1724, el Arzobispo de Santiago de Compostela y juez ordinario inquisidor, comenzó el juicio a la Sangre de San Pantaleón. Tras la declaración de varios testigos ilustres de la época, que acudieron cada 27 de julio durante 10 años consecutivos para verificar la licuefacción, el suceso se dio por verídico. Así consta en un manuscrito del Monasterio de la Encarnación, datado el 30 de agosto de 1729. El manuscrito dice así: “Su señoría, señor juez, declara y confiesa haberla visto líquida y fluida dicho día de San Pantaleón, veintisiete de julio, y después de su festividad condensada y dura, todo repetidas veces en el tiempo de diez años. Y conformándose con el parecer de los expresados teólogos, canonistas y médicos, lo tienen y veneran por prodigio y maravilla”(4).

Actualmente la reliquia en la que se opera el cambio de estado de la sangre, se conserva en una ampolla de una capacidad de un centímetro cúbico encerrada en un fanalillo prismático y trapezoidal de unos quince centímetros de altura. A simple vista, la ampolla que contiene la sangre de San Pantaleón tiene el aspecto de estar embadurnada en sus paredes por una tenue capa de color bermejo oscuro; capa que, según los testigos oculares del fenómeno, se desprende para convertirse en líquido purpúreo con todas las características de la sangre. Hoy día para contemplar mejor este proceso se ha recurrido a un circuito cerrado de televisión, y mediante dos pantallas se muestra una imagen ampliada y a tiempo real de cómo la licuefacción se lleva a cabo. Éste no es un proceso instantáneo ya que cuando se inclina la ampolla el líquido se va acomodando a la forma del recipiente de forma progresiva, de manera que inicialmente toda la masa permanece compacta y no se mueve, pero a última hora de la tarde del 26 de julio, la sangre ya parece que comienza a licuarse, en un proceso que durante el día 27 ya se puede apreciar por completo. Es en ese estado líquido, al inclinar nuevamente la ampolla, cuando la sangre adopta la forma del recipiente, y a partir del día 28 comienza lentamente a solidificarse, aunque algún año ha permanecido en estado líquido durante más tiempo.

 

Esquema de la Reliquia de San Pantaleón

Voces críticas consideran que hay pistas e indicios que apuntan a que la sangre de San Pantaleón (al igual que la de San Genaro) es algo más que sangre, ya que tiende a licuarse bien cuando aumenta la temperatura ambiental, bien cuando se agita el relicario, por lo que cabría pensar que podría existir alguna relación entre calor o movimiento y este acontecimiento. Por otro lado investigadores de este prodigio no han podido dar una explicación racional de estos sucesos, aunque en su opinión no se trata de ningún truco, argumentando que la sangre de San Pantaleón está encerrada herméticamente y en ningún caso se ha comprobado que la temperatura ambiente influya en la licuefacción de la sangre.

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No ha habido ningún año en que haya dejado de acontecer este fenómeno, un proceso sobre el que la Iglesia no se ha pronunciado oficialmente, no se ha reconocido como un milagro y tampoco se han autorizado análisis científicos modernos, por lo que la razón real de este caso no se conocerá hasta que la ciencia pueda examinar la sangre coagulada que se licúa en la fecha señalada, así que de momento sólo se puede decir que, ante la visión de los fieles y turistas que se congregan en el monasterio de la Encarnación, el contenido de la ampolla parece y se comporta como sangre humana.

Aquellos que sientan interés por este hecho insólito que se reproduce aparentemente sin intervención física o química, tendrán que armarse de paciencia y esperar un año, hasta julio de 2014, para observar el fenómeno con sus propios ojos y sacar sus propias conclusiones. Aunque otra opción sería viajar a Nápoles, donde la sangre de San Genaro experimentará el mismo proceso el día 19 de septiembre.07_27_MADRID_sangre_de_San_Pantale_n

 

 

 

 

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